Hector Ramos

Les adjunto un estudio sobre la violencia contra la mujer en Honduras, realizado en 2005 por el Centro de Derechos de Mujeres en colaboración con Ayuda Popular Noruega (APN) para obtener un espectro de lo que ocurre en nuestro país. Como adelanto les dejo las conclusiones a las que llegó la investigación. Los datos y estadísticas se encuentran ampliamente descritos en el artículo:

La realización de este diagnóstico sobre la violencia contra las mujeres en Honduras, nos permite concluir:
 La violencia contra las mujeres en Honduras se ha colocado en la agenda pública como resultado del accionar de los grupos de mujeres especialmente los feministas, en cuya agenda política se ha priorizado este tema. En el inicio de los años 90 y con el distanciamiento y postura crítica de muchas mujeres con el movimiento popular 43 y su acercamiento al feminismo latinoamericano, el problema de violencia contra las mujeres y el derecho de éstas a una vida sin violencia emerge en la agenda social.
En un abanico amplio de negación y violación de los derechos humanos de las mujeres, el tema privilegiado en la agenda pública es el de la violencia doméstica contra las mujeres, esto como resultado de diversas situaciones, entre ellas por la magnitud y el posicionamiento del tema en los otros países latinoamericanos, y posiblemente porque desde una plataforma contra la violencia es más fácil visibilizar y conjuntar esfuerzos en comparación con temas como violencia sexual, explotación sexual o derechos sexuales y reproductivos. Instituciones que pueden tener una visión conservadora en ciertos temas, han asumido algunos compromisos en relación a la violencia doméstica, por ejemplo algunas iglesias. Aunque siempre se corre el riesgo de que al momento de tratar el tema o atender un caso particular de violencia de género, prevalezca una concepción que desconozca las relaciones de poder al interior de las familias y desde un ámbito religioso que muchas veces se resume con slogans como “No se divorcie. Salve su matrimonio”.
Gracias a la labor realizada por los grupos de mujeres, cuyo accionar se ha fortalecido con los avances internacionales y los compromisos asumidos por el Estado de Honduras al nivel internacional, se han logrado avances formales importantes en relación a la violencia doméstica contra las mujeres. Existe una ley contra la Violencia Doméstica aprobada a fines de 1997 y se han creado mecanismos para lograr una efectiva aplicación de esta ley. Sin embargo, los avances están permanentemente amenazados por la prevalencia, todavía muy fuerte, de formas de pensar y actuar, no sólo de la población en general sino también de parte de todas/os aquellos funcionarios responsables de administrar justicia, que obstaculizan, niegan y cuestionan cualquier acción encaminada a proteger y promover los derechos humanos de las mujeres.
 Además de las limitaciones que se dan como resultado de formas de pensar y actuar históricas en la población, la aplicación real y efectiva de los avances formales se ve reducida por la poca voluntad política de los gobernantes que, aunque pueden utilizar el tema con fines electorales y político partidista, no asignan los recursos financieros y logísticos, entre otros, para atacar esta problemática.
Por otra parte, la limitada aplicación de los avances formales, se ha concentrado en ciudades
VI. Conclusiones
Distanciamiento que se da en los diferentes países latinoamericanos como resultado de la utilización, desvalorización y negación de la problemática específica de las mujeres, más allá de los problemas de “clase social” y la reproducción de vicios patriarcales por parte de los dirigentes varones de lo que se conoció como movimiento popular.
como Tegucigalpa y San Pedro Sula y en aquellos municipios en los cuales las organizaciones de mujeres tienen presencia.
 Mucho del esfuerzo realizado se ha concentrado en la atención a la problemática y a la resolución “legal” de la misma, pero hay menos esfuerzos en relación a la prevención, a la denuncia para buscar la sanción de los funcionarios que incumplen la ley, a la comprensión de la dinámica psico-social que afecta a las mujeres que enfrentan violencia y a las causas estructurales de este fenómeno. Aún con las limitadas estadísticas disponibles y las inconsistencias entre la información de unas y otras instancias que supuestamente deberían de sistematizarlas, es evidente que cada año se incrementa el número de mujeres que denuncian la violencia que enfrentan, especialmente violencia doméstica, pero al carecer de estudios previos no se puede ser contundente en afirmar que la violencia se ha incrementado o que ha disminuido.
Asimismo, no se ha indagado con profundidad en las razones por las cuáles las mujeres desisten de seguir con el proceso legal o las causales que les impiden presentar una denuncia. Una hipótesis que está por comprobarse es que un sistema de justicia lento, ineficiente y con indicios de sesgos políticos en su administración puede desincentivar a las mujeres para continuar con el proceso. También es importante considerar que se presentan limitaciones relacionadas con la participación de las mujeres en espacios destinados a fortalecer su autoestima y la deconstrucción de su identidad de género subordinado. El CDM, que presta ambos servicios a las mujeres que sufren violencia doméstica y sexual, ha indagado de manera informal sobre algunas de las razones por las cuales las mujeres desisten de los procesos tanto legales como psico-sociales. Hay muchos elementos de tipo económico pero posiblemente en el fondo de esta problemática existen una serie de razones mucho más profundas relacionadas con la identidad de género de las mujeres.
Las estrategias privilegiadas en la prevención de la violencia contra las mujeres han procedido fundamentalmente de las organizaciones de mujeres con la realización de campañas masivas por los principales medios de comunicación y el desarrollo de procesos educativos y de sensibilización sobre la problemática con líderes comunitarias, especialmente mujeres. Hay una ausencia muy grande de grupos que trabajen en relación a la masculinidad y que promuevan cambios en la identidad masculina. En algunos momentos se ha pretendido que las organizaciones de mujeres asuman también esta gran responsabilidad de trabajar directamente con los hombres, pero ante este planteamiento la posición de los grupos de mujeres ha sido que esta tarea debe ser asumida por el Estado o por los mismos hombres que, desde una propuesta política de deconstrucción de su identidad genérica asuman esta responsabilidad. Existen algunos esfuerzos en ese sentido como parte de las tareas de la Consejerías de Familia que dependen de la Secretaría de Salud Pública, sin embargo, han existido algunas prácticas de parte de funcionarios de estas instancias que tienden a disculpar al hombre de su responsabilidad en la violencia contra las mujeres corriendo muchas veces el riesgo de culpar a las mujeres por la violencia que ellas mismas viven.
 Respecto al posicionamiento del tema en la agenda de las organizaciones sociales se puede expresar que formalmente el tema, especialmente violencia doméstica y la autoestima de las mujeres, es parte de los programas de trabajo y de algunas políticas institucionales. Sin embargo, su abordaje puede asumir ciertas características como:
– Es parte del tema de “género”, que es, no en pocos casos, mal entendido e interpretado, para el caso nos encontramos con posiciones como “género son hombres y mujeres” sin lograr entender que el análisis de género busca desentrañar las relaciones de poder entre hombres y mujeres y las condiciones de desigualdad en las que viven estas últimas. Esto coincide con la denuncia que las organizaciones sociales de distintos países han venido realizando, en el sentido de la “despolitización”, “vaciado de contenido”, o “clorización” del enfoque de género.
– Otras instituciones expresaron que el tema de violencia es un eje transversal pero cuando se indagó sobre recursos destinados a su abordaje, los mismos eran ínfimos o no se podían cuantificar, y, en algunos casos, la transversalidad del tema era asumida desde el análisis de “la familia”. Para el caso, encontramos programas de fortalecimiento de las mujeres a las cuales se les capacita sobre sus derechos pero al mismo tiempo se cuestionaba que las mujeres por “exceso de actividades en relación al tema de género” están “sobrecargadas” y “no están cumpliendo con sus responsabilidades en la familia”.
– Además, se visualiza que estos temas son abordados especialmente con las mujeres con las que trabajan y mucho menos con los hombres. Se ha impuesto la idea de que estos son “temas de mujeres”.
Por esto mismo, medidas de acción positivas a favor de las mujeres no son entendidas, no son asumidas y no son impulsadas por muchas organizaciones sociales que dicen contar con políticas de género.
 Precisamente por los avances formales, en leyes y políticas públicas, las agencias de cooperación privilegian cada vez más el financiamiento de las acciones desde las estructuras gubernamentales, especialmente dentro de los mecanismos nacionales para el avance de las mujeres. Sin embargo, dado que tales mecanismos son entes impulsores y vigilantes de políticas públicas, más que ejecutores de programas para reducir las brechas de desigualdad entre mujeres y hombres, tales recursos financieros no están efectivamente atendiendo precisamente las necesidades de las mujeres sobrevivientes de violencia.
Además, la “transversalización” se ha impuesto, en algunos casos, en las políticas de cooperación. La experiencia obtenida en algunos países y en el mismo Honduras es que, como resultado de políticas transversales, muchos problemas de las mujeres, en tanto género, tienden a desaparecer en una agenda global, o bien se tiende a obviar las asimetrías por razones de género.
Link al artículo: http://www.ceipaz.org/images/contenido/Violencia%20contra%20las%20mujeres%20en%20Honduras.pdf


Emanuel Alvarado
VIOLENCIA DE GÉNERO: EL SÍNDROME DE LA MUJER MALTRATADA,
ENFOQUE CRIMINOLÓGICO Y PENAL http://dspace.utalca.cl/retrieve/18466/rivano_tolosa_k.pdf
El presente articulo trata sobre el síndrome de la mujer maltratada como uno de los factores por el cual las mujeres cometen delitos contra sus esposos o parejas como consecuencia del miedo, y en general, todo efecto negativo que provoca el maltrato físico y psicológico reiterado que sufren. Para ello se tomarán como principales objetivos el entender fielmente el síndrome y sus efectos sobre las mujeres, el estudio desde el punto de vista criminológico y la posible defensa penal de aquellas mujeres que se ven envueltas en esta situación. Para esta investigación se utilizará una metodología jurídico-dogmática, sistemática, sociológica, empírica y doctrinal. Como principal resultado se pretende obtener un estudio del síndrome y comprenderlo como una posible defensa penal a la hora de juzgar a las mujeres que lo padecen, el cual las llevó a cometer delitos contra sus agresores.


Victoria Palomo
Este es el resumen de un articulo (revision) muy interesante que encontre de violencia domestica y trastorno de estres post traumatico
Resumen
En la actualidad la violencia doméstica es un problema importante de salud pública. La investigación sobre su origen, comportamientos y consecuencias empieza a conocerse. En la mujer maltratada se ha diagnosticado el Trastorno Por Estrés Postraumático (TPEP). El grado de exposición y violencia en la relación abusiva son un factor importante que contribuye a su desarrollo y el daño psíquico generado es más predictivo en la presentación del TPEP que el daño físico que soportan las víctimas. El objetivo de este estudio es examinar el TPSP en la mujer maltratada mediante consulta de las bases de datos del Medline, Healthstar, PsyInfo y Biosis Previews en los últimos años. El resultado de los trabajos publicados sugiere la inclusión del TPEP en la mujer maltratada, aunque los criterios del Diagnostical and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-IV) no recogen específicamente la violencia doméstica como uno de los acontecimientos que pueden desencadenar este trastorno. Se comentan las pruebas de evaluación del TPSP, las variables y covariables que influyen en su presentación y la situación de la mujer maltratada cuando se ha de enfrentar a problemas legales derivados de la violencia vivida. En conclusión el TPEP puede admitirse en la mujer maltratada aunque se requieren más estudios longitudinales que avalen el diagnóstico. La violencia doméstica es un problema de salud que puede prevenirse desde la atención primaria donde los médicos asistenciales tienen un papel decisivo.
Link: http://www.nexusediciones.com/pdf/psiqui2002_2/ps-29-2-003.pdf




Stephanie Valle
http://criminet.ugr.es/recpc/recpc_02-07.html
CUESTIONES MEDICO-FORENSES DEL SINDROME DE MUJER MALTRATADA.
Desde el punto de vista de la Medicina legal la situación se caracteriza por venir definida por el resultado, las lesiones, y por un contexto en el que se sitúan como parte fundamental de él el autor y la relación afectiva previa entre este y la víctima.
Las lesiones derivadas del síndrome de agresión a la mujer pueden ser de tipo físico o psíquico, si bien, dadas las características de este tipo de violencia y su curso crónico, siempre existen manifestaciones psíquicas, tanto en los momentos cercanos al ataque físico, como con posterioridad al mismo, perdurando como puentes entre cada una de las agresiones.
3.4.1. LESIONES FÍSICAS.
Las lesiones producidas en los casos de agresiones por parte del hombre abarcan toda la tipología lesional de la traumatología forense, desde simples contusiones y erosiones, hasta heridas por diversos tipos de armas. Del mismo modo, las regiones anatómicas que se pueden afectar cubren todas las posibilidades, así como las distintas estructuras orgánicas (piel, mucosas, huesos, vísceras, ...). No obstante, el cuadro lesional mas frecuente suele estar conformado por excoriaciones, contusiones y heridas superficiales en la cabeza, cara, cuello, pechos y abdomen.
El cuadro típico en el momento del reconocimiento viene determinado por múltiples y diferentes tipos de lesiones con combinación de lesiones antiguas y recientes, así como referencias vagas de molestias y dolores cuya naturaleza no se corresponde con lo referido por la mujer en el motivo de consulta.
A diferencia del Síndrome del Niño Maltratado, resulta típico de este cuadro, la presencia de lesiones de defensa, la inexistencia de lesiones que indiquen extrema pasividad de la víctima (quemaduras múltiples por cigarrillos, pinchazos leves repetidos sobre una misma zona, ...), así como la localización de gran parte de las lesiones (o las más intensas) en zonas no visibles una vez que la mujer está vestida. STARK, FLITCRAFT y FRAZIER encontraron que las víctimas de este tipo de agresiones presentaban una probabilidad 13 veces más alta de tener lesiones en los pechos, tórax o abdomen que las víctimas de otros accidentes. En este sentido suele ser muy frecuente la expresión de la mujer que manifiesta: "mi marido ha aprendido a agredir: me pega, pero no me señala".
En un reciente trabajo realizado sobre 9000 mujeres que acudieron a los servicio de urgencias de diez hospitales diferentes MUELLERMAN encontró como datos significativos que la lesión más típica en las mujeres maltratadas era la rotura del tímpano, y que tienen mayor probabilidad de presentar lesiones en la cabeza, tronco y cuello. Las no maltratadas, por el contrario, suelen sufrir las lesiones con mayor frecuencia en la columna vertebral y extremidades inferiores.
Las circunstancias de las que depende el cuadro lesional son : el grado de violencia empleado, la repetición seguida de la agresión y la unión del maltrato a otro tipo de hechos.
Estos dos últimos factores, la repetición de los hechos y la unión a otras acciones dentro de un incidente, aumentan la capacidad lesiva, ya que conllevan un incremento del grado de violencia y hacen, además, que la víctima sea incapaz de recuperarse para protegerse de la siguiente agresión al encontrarse física y psicológicamente aturdida por la rapidez de los sucesos .
A pesar de lo anterior muchas de las víctimas se abstienen de acudir a un hospital, incluso cuando hay lesiones de cierta intensidad debido a la vergüenza, a las amenazas por parte del agresor si busca cualquier tipo de ayuda y al temor a que el hospital comunique al juzgado el origen de sus lesiones y se tomen medidas que puedan afectar a su familia.
Otro dato significativo es que la mayoría de las mujeres que han sido víctimas de estos hechos y que se deciden a ir al médico como consecuencia de sus lesiones, cada vez que vuelven a acudir lo hacen con lesiones más graves ).
3.4.2. LESIONES PSÍQUICAS.
Los trabajos realizados durante los últimos quince años han demostrado que la sintomatología psíquica encontrada en las víctimas debe ser considerada como una secuela de los ataques sufridos, no como una situación anterior a ellos . Los estudios en dicho sentido se llevaron a cabo realizando análisis comparativos con la respuesta humana al trauma, existiendo una correlación estrecha entre la sintomatología desarrollada por las víctimas del maltrato y la respuesta a determinadas situaciones estresantes.
Las lesiones psíquicas pueden ser agudas, tras la agresión, o las denominadas lesiones a largo plazo, aparecidas como consecuencia de la situación mantenida de maltrato.
3.4.2.1. Lesiones Psiquicas AGUDAS.
la denominada "Psicología de los sucesos catastróficos" como un modelo útil con el que analizar las respuestas emocionales y conductuales de las mujeres frente a las que se había dirigido algún tipo de violencia, observando que las reacciones a los traumas ocasionados por sus parejas están muy próximas a las de los supervivientes de diferentes tipos de sucesos traumáticos.
Al igual que otras víctimas, la primera reacción normalmente consiste en una autoprotección y en tratar de sobrevivir al suceso. Suelen aparecer reacciones de shock, negación, confusión, abatimiento, aturdimiento y temor. Durante el ataque, e incluso tras este, la víctima puede ofrecer muy poca o ninguna resistencia para tratar de minimizar las posibles lesiones o para evitar que se produzca una nueva agresión-
Estudios clínicos han comprobado que las víctimas de malos tratos viven sabiendo que en cualquier momento se puede producir una nueva agresión. En respuesta a este peligro potencial, algunas de las mujeres desarrollan una extrema ansiedad, que puede llegar hasta una verdadera situación de pánico. La mayoría de estas mujeres presentan síntomas de incompetencia, sensación de no tener ninguna valía, culpabilidad, vergüenza y temor a la pérdida del control. El diagnóstico clínico que se hizo en la mayor parte de los casos fue el de depresión . El seguimiento de las víctimas ha demostrado como la sintomatología se va modificando y como tras el tercer incidente el componente de shock desciende de forma significativa. BROWNE ha comprobado como estas mujeres a menudo desarrollan habilidades de supervivencia más que de huida o de escape, y se centran en estrategias de mediar o hacer desaparecer la situación de violencia.
Existen dos condicionamientos fundamentales típicos del SIMAM en relación a las lesiones psíquicas:
- La repetición de los hechos da lugar a un mayor daño psíquico, tanto por los efectos acumulados de cada agresión, como por la ansiedad mantenida durante el período de latencia hasta el siguiente ataque.
- La situación del agresor respecto a la víctima. Desde el punto de vista personal el agresor es alguien a quien ella quiere, alguien a quien se supone que debe creer y alguien de quien, en cierto modo, depende. Desde el punto de vista general las mujeres agredidas mantienen una relación legal, económica, emocional y social con él.
Todo ello repercute en la percepción y análisis que hace la mujer para encontrar alternativas, viéndose estas posibilidades limitadas y resultando muy difícil la adopción de una decisión. La consecuencia es una reinterpretación de su vida y de sus relaciones interpersonales bajo el patrón de los continuos ataques y del aumento de los niveles de violencia, lo cual hace que la respuesta psicológica al trauma y la realidad del peligro existente condicionen las lesiones a largo plazo.
3.4.2.2. Lesiones Psicológicas A LARGO PLAZO.
Las reacciones a largo plazo de las mujeres que han sido agredidas física y psíquicamente por sus parejas incluyen temor, ansiedad, fatiga, alteraciones del sueño y del apetito, pesadillas, reacciones intensas de susto y quejas físicas: molestias y dolores inespecíficos . Tras el ataque las mujeres se pueden convertir en dependientes y sugestionables, encontrando muy difícil tomar decisiones o realizar planes a largo plazo. Como un intento de evitar un abatimiento psíquico pueden adoptar expectativas irreales en relación a conseguir una adecuada recuperación, persuadiéndose ellas mismas de que pueden reconstruir en cierto modo la relación y que todo volverá a ser perfecto . Como ocurre en todas las víctimas de la violencia interpersonal, las mujeres agredidas por sus parejas aprenden a sopesar todas las alternativas frente a la percepción de la conducta violenta del agresor. Aunque esta actitud es similar a aquella producida en otros tipos de agresiones o en situaciones de cautividad, los efectos en las víctimas del maltrato están estructurados sobre la base de que el agresor es alguien al que están o han estado estrechamente unidas, y con el que mantienen cierto grado de dependencia En dichos casos la percepción de vulnerabilidad, de estar perdida, o de traición pueden aparecer de forma muy marcada .
El primer gran estudio que se llevó a cabo sobre la respuesta psicológica de mujeres envueltas en relaciones en las que eran maltratadas fue publicado por Lenore WALKER en 1979 , recogiendo los efectos potenciales a largo plazo que podían aparecer en las relaciones de pareja en las que el hombre agredía a la mujer. El resultado fue la descripción de una serie de síntomas entre los que destacaban los sentimientos de baja autoestima, depresión, reacciones de stress intensas y sensación de desamparo e impotencia. A estos síntomas unía las manifestaciones de las víctimas refiriendo e insistiendo en la incapacidad para controlar el comportamiento violento de sus agresores. Sin embargo, en contra de lo que se esperaba, estas mujeres presentaban un elevado control interno, quizá porque están muy pendientes de manejar sus propias respuestas al trauma y a las amenazas, al mismo tiempo que se encuentran inmersas en las necesidades de la familia y en otras responsabilidades.
Otros estudios han comparado las reacciones de las mujeres maltratadas con las de los prisioneros de guerra, encontrando tres áreas comunes a ambos tipos de víctimas:
1.- El abuso psicológico que se produce dentro de un contexto de amenazas de violencia física conduce al temor y debilitación de las víctimas.
2.- El aislamiento de las víctimas respecto a anteriores fuentes de apoyo (ej. amigos o familia) y a las actividades fuera del ambiente hogareño conllevan a una dependencia al agresor y la aceptación o validación de las acciones del agresor y de sus puntos de vista.
3.- Existe un refuerzo positivo de forma intermitente ocasionado por el temor y la pérdida personal que refuerza la dependencia emocional de la víctima a su agresor.
El resultado de la situación descrita y la consecuente reacción psicológica a largo plazo configura el denominado SÍNDROME DE LA MUJER MALTRATADA (SIMUM), el cual hace referencia a las alteraciones psíquicas y sus consecuencias por la situación de maltrato permanente. Este síndrome no debe confundirse con el Síndrome de Agresión o Maltrato a la mujer, ya que estos se centran en el cuadro lesional y las características de los elementos que lo configuran, siendo el síndrome de la mujer maltratada consecuencia del maltrato a la mujer.
Estas alteraciones junto con el aislamiento de la mujer que el agresor va consiguiendo respecto a los diferentes puntos de apoyo de la mujer, así como el contexto socio-cultural que minimiza los hechos, justifica o trata de comprender más al agresor que a la víctima, explica, entre otras razones, porqué es tan difícil salir de esta relación para l mujer, o cómo se puede producir reacciones de agresividad de la mujer hacia el agresor.
ALDO PONCE 0801198913038
  • ¿Qué es el Síndrome de la mujer maltratada?
  • Index Manual Salud de la mujer

    Es cuando frente a los reiterados episodios de violencia y pensando de que la situación no se va a modificar, la mujer se calla, por temor a que se produzca una agresión aún mayor, hacia ella o hacia sus seres queridos.
¿Cómo nos damos cuenta que una mujer presenta el síndrome de la mujer maltratada?
El síndrome de la mujer maltratada puede manifestarse con síntomas corporales o trastornos psicológicos. Los más frecuentes
son:
a) Angustia, malhumor, depresión, sensación de impotencia, intentos de suicidio e insomnio;
b) Abuso de drogas y trastornos de la alimentación;
c) Molestias en el cuerpo como: dolor abdominal crónico, dolor de cabeza, cansancio, etc. que no mejoran con el tratamiento;
d) Problemas ginecológicos.

Es común que las mujeres maltratadas pidan turno con el médico y falten y, si tienen lesiones físicas provocadas por la violencia, suelen demorar en buscar ayuda, o bien dar explicaciones vagas acerca de cómo se ocasionaron. Las embarazadas suelen acudir tardíamente al control prenatal. Las consultas en la guardia son frecuentes.

Habitualmente, el agresor evita que la víctima sea atendida por un mismo médico y la acompaña a la guardia para asegurarse de que no cuente nada. Estas pacientes están como “anestesiadas” (como si una parte de la persona no sintiera lo que le está ocurriendo). Por ejemplo: una mujer consulta en repetidas oportunidades por cansancio general, dolores en todo el cuerpo, etc. y, a partir del interrogatorio del médico, relata, sin signos de tristeza o sufrimiento, cómo su marido a veces la pellizca o la empuja. Ella dice que así es él, que siempre la ha tratado de ese modo, pero que a ella no le molesta, “igual, después se le pasa”.
En muchos casos, el maltrato en la mujer sólo es detectado por el sistema de salud cuando la víctima se presenta a la guardia (o, menos frecuentemente, al consultorio) con heridas graves etc..

¿Cúales son las características de los agresores?
  • Son individuos con ideas cerradas, no suelen escuchar al resto de las personas. Perciben a su mujer como una persona
    provocadora, y tienen una especie de lente de aumento para observar cada pequeño detalle de la conducta de ella.
    Por el contrario, les resulta extremadamente difícil observarse a sí mismos y suelen confundir el miedo con la rabia,
    y la inseguridad con la bronca.
  • Se justifican diciendo que las consecuencias de su violencia no son tan grandes, como sí lo son las causas que la provocaron.
  • No registran que se están abusando de la víctima, o no lo toman en serio. Niegan el abuso, responsabilizan a otros.
    Se comportan de manera muy distinta en público que en privado (su comportamiento social suele ser amable y seductor);
    cuando se los interroga niegan o minimizan sus actos de violencia o sostienen que es la mujer quien los provoca.
  • Por lo general, los abusadores tienen dificultad para expresar sus sentimientos, no dan apoyo, atención o apreciaciones
    a los demás; no respetan los derechos ni opiniones.
  • Faltan el respeto: interrumpen cuando se los interroga, cambian de tema, no escuchan o no responden, cambian las
    palabras, humillan a la víctima frente a otros.
  • Utilizan tácticas de presión sobre la mujer como el generar culpa, intimidar, amenazar, retener el dinero, manipular
    los hijos.
  • Existe “abuso de la autoridad”, toman solos las grandes decisiones, dicen lo que hay que hacer.
  • Suelen tener antecedentes de haber presenciado episodios de maltrato o violencia en su hogar en la infancia.
    ¿Cuáles son los sentimientos más comunes que se generan en la víctima?
    Las víctimas del maltrato crónico suelen compartir un discurso similar en el que predomina la sensación de “drama” y de “culpa por dicho drama”. Les parece que el maltrato es algo natural, que así debe ser la vida y que no hay otra forma.
  • muchas víctimas tratan de encontrar un motivo por el cual son violentadas y utilizan frases como: «algo debo haber
    hecho para que esto ocurra», «me lo merezco», «es mi destino», «yo lo elegí», etc.
  • no se sienten merecedoras de afecto.
  • viven en un permanente estado de sometimiento y son incapaces de reaccionar o de tener una respuesta favorable
    ante el ataque.
  • tienen mucha vergüenza y miedo.
  • suelen minimizar la violencia con frases como «no es tan grave», «no es tan seguido», «solo me dio un cachetazo».
  • la mayoría de estas mujeres creen, sin embargo, que su pareja “algún día va a cambiar”
  • http://www.pacientesonline.com.ar/medicina/informes_especiales/manuales/salud_mujer/24.php